La experiencia estética como principio de apreciación en la música popular contemporánea

ENSAYO PARTE I

 

El tema sobre la buena y la mala música siempre es recurrente en boca de las personas. Pero pareciera que pocas son las veces que nos detenemos a pensar desde donde erguimos tales argumentos sobre el tema y dejamos su justificación a la divinidad de la subjetividad o al yugo de la unanimidad del grupo.

Sin duda este tipo de explicaciones recaen dentro del terreno de la apreciación y tales argumentos inscriben casi en automático preguntas como: ¿Qué aspectos definen lo bueno y lo malo dentro de la música?; ¿Cómo y quién define estos aspectos buenos o malos que se aprecian dentro de la música?; ¿Existe como tal una manera correcta de apreciar?; y si existe,  ¿Hay una estructura o forma definida para poder apreciar la música?, ¿Cuales son los mecanismos que definen esta forma de  apreciar y, por lo tanto, el juicio sobre la mala o la buena música?

Sin duda el análisis musical, junto con su historicidad (bloques históricos y culturales dentro de los cuales se desarrolla) nos ofrece un panorama y un recurso importante para empezar a responder las interrogantes planteadas, sin embargo, considero que existe un momento en donde la limitante resulta evidente. Es por ello que se hará uso de la estética, rama filosófica que permitirá abordar dichas cuestiones desde una perspectiva diferente.

 

LA EXPERIENCIA ESTÉTICA COMO PRINCIPIO DE

APRECIACIÓN EN LA MUSICA POPULAR CONTEMPORÁNEA

 

<<El problema del gusto desde el comienzo se presenta así como
el de “otro saber”, un saber que no puede dar razón de su conocer
pero goza de él y el de “otro placer”, un placer que conoce y juzga>>
(Giorgio Agamben)

 

La experiencia estética, a diferencia de la experiencia práctica, constituye una experiencia “autotétlica”, es decir, que su finalidad está contenida en si misma produciendo algún tipo de satisfacción por medio de la simple contemplación. La experiencia estética puede ser definida como un modo de encuentro con el mundo, con los objetos, fenómenos y situaciones ya sean naturales o creadas por el ser humano, que produce en quien lo experimenta un placer, un conjunto de emociones y un tipo de conocimiento que puede considerarse de tipo estético (ESTÉTICA & DEFINICIONES, 2012)

Dicho de otro modo, podemos afirmar que hemos tenido una experiencia estética cuando hemos sentido (a través de la contemplación) alguna emoción fuerte al admirar una pintura, escuchar una melodía musical, al apreciar un paisaje, etc.

Kant (2005) reflexiona sobre la estética en términos trascendentales (el modo de conocer a los objetos anterior a toda la experiencia), en otras palabras,  la experiencia estética está fundamentada por “formas a priori del conocimiento sensible”[1] (Kant, 2005), y la sensibilidad de dicha experiencia despierta en los sentidos resonancias que permiten en primera instancia el goce, y por ende la posibilidad de juicio sobre objetos, valores, realidades o experiencias que manifiesten características similares.

Del mismo modo, en su Crítica de la facultad de juzgar, Kant (1985) hace una relación entre la experiencia y el juicio estético (facultad de juzgar los fenómenos de la sensibilidad). Este juicio tiene:

 

  1. Como objeto, aquel ente o sustancia cuya contemplación desencadenó dicha experiencia estética; y
  2. Como objetivo, clasificar y calificar aquellos objetos a partir del sentimiento de placer o displacer experimentado por el sujeto.

 

Debido a algunas de sus características, la experiencia estética se ha homologado a la experiencia del arte y de lo bello, sin embargo, por su mismo significado de sensible (aisthesis)[2], podemos, sin lugar a dudas, relacionarlo con todo aquello que se pueda considerar estético, como por ejemplo: objetos, formas, valores, situaciones, sonido, silencio, formas de organización, inclusive las mismas percepciones. Así, la experiencia estética puede pensarse como un modo de aproximarse a la realidad mediante una relación que ponga en suspenso la función originaria de los objetos, formas, etc. (SANCHES VAZQUEZ, 1992).

Un ejemplo de lo anterior podemos encontrarlo en la canción del español Joan Manuel Serrat “La Fiesta”[3], en donde la contemplación de la pieza se basa en la experiencia estética de suponer la suspensión de las jerarquías habituales dentro de una comunidad con motivo de un carnaval.

Finalizando la primera parte de este ensayo, podemos empezar a acercarnos a nuestras interrogantes principales. Habrá quien, después de generar un juicio, pueda considerar que “La Fiesta” es una pieza buena o mala (según el caso) y, obviando un poco la subjetividad implícita, podemos empezar a reconocer los primeros mecanismos que están en juego dentro de la experiencia estética y como consecuencia, aquello que en primera instancia, a través del juicio estético, cataloga lo bueno o malo de la pieza mostrada(o cualquier pieza musical): (a) familiaridad con el género; b) contexto cultural y socio-político; c) vivencia cercana de lo representado; d) sensaciones subjetivas evocadas; y e) ideas que representan las sensaciones.

Para la segunda parte de este ensayo ahondaremos en la explicación de estos mecanismos y el papel que juegan dentro del juicio musical.

  • [1] Para Kant existen en el entendimiento conocimientos que están dados “a priori”, es decir, que existen antes de cualquier experiencia con la sustancia u objeto y conocimientos “a posteriori”, aquellos que se dan después de la experiencia con alguna sustancia u objeto.
  • [2] El término “estético” tiene su origen en el vocablo griego “aisthetikós”, que significa sensible y se refiere, en principio, a la capacidad que tenemos los seres humanos de percibir sensaciones
  • [3] Joan Manuel Serrat – Fiesta

Bibliografía

  • AGAMBEN, G. (2016). Argentina: Adriana Hidalgo.
  • ESTÉTICA, L. E., & DEFINICIONES, C. Y. (20 de Mayo de 2012). Recuperado el 9 de Mayo de 2018, de Perspectivas Esteticas: http://perspectivasesteticas.blogspot.mx/2012/05/la-experiencia-estetica-caracteristicas.html
  • FERRATER MORA, J. (1964). Diccionario de Filosofía. Buenos Aires: Montecasino.
  • KANT, I. (1985). Crítica del juicio. México: Porrua.
  • Kant, I. (2005). CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA.
  • SANCHES VAZQUEZ, A. (1992). Invitación a la Estética. México: Grijalbo.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>