Un viaje llamado composición

Quienes empezamos una carrera como compositores, profesional o semi profesional, incluso como amateurs, vivimos buscando reglas que den fundamento a nuestro trabajo de composición. Después comenzamos a buscar “reglas” que nos ayuden a romper las “reglas”, tips que nos permitan ampliar nuestras capacidades, y es hasta después de algunos años de estar componiendo y estudiando que comprendemos que, aun cuando hay que seguir ciertos lineamientos para movernos en algún(os) género(s) musical(es), la composición es una actividad libre y personal, y que todas esas “reglas” que tanto buscábamos no eran más que guías que nos sirven para comprender cómo funcionan los elementos que constituyen la música y para desarrollar el “oficio” de compositor.

Sin embargo, estos dos extremos son parte de un proceso en forma de espiral ascendente (regresamos siempre a un punto de partida, pero cada vez en un nivel superior) que se lleva toda una vida.

Durante nuestro viaje vamos atravesando diferentes etapas de creación y así podemos pasar de ser imitadores a ser epígonos (seguidores) de alguna fuerte influencia para nosotros (persona, género, período, etc.). Después viene una etapa caracterizada por una necesidad de experimentación, de búsqueda de nuevas posibilidades, incluso las más extremas. Posteriormente, y gracias a la exposición a tantas opciones, iremos reconociendo los elementos que se encuentran en armonía con nuestra personalidad, y la búsqueda de nuestra identidad musical nos llevará a un nivel de autenticidad. A partir de aquí, nuestro trabajo tiene la posibilidad de ser innovador o incluso vanguardista, pero eso depende del valor que nuestras ideas puedan tener para los demás (y aquí se podría hablar extensamente de la responsabilidad social que conlleva el proceso de creación), y existe la posibilidad también de dejar una escuela que refuerce y promueva nuestra propuesta además de hacerla evolucionar.

El nivel de creación de nuestra obra determinará su vigencia en el tiempo si acaso aporta elementos importantes para el desarrollo del arte y no es sólo el resultado de un capricho o mera vanidad intelectual (en otra ocasión hablaremos de la fundamentación).

En todo momento, es importante reconocer el nivel en el que nos encontramos, aceptarlo, explotarlo y superarlo, ya que aún en los niveles superiores podemos estancarnos, pues en cuanto se reconoce un elemento de identidad puede haber un conflicto sobre cómo manejarlo, cómo desarrollarlo; y entonces volveremos a iniciar un ciclo más de esa espiral eterna… ¿pero acaso no es esa la esencia de la evolución?

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